Lo que requieren las alternancias en el poder

Queremos suponernos ya instalados definitivamente en un Estado Nacional Democrático y sujeto al Derecho. Soñamos con transformar, entre todos a la política para convertirla en un campo propicio a la hermandad en el que se pueda sembrar, cultivar y cosechar el bien. En el que no sólo se puedan resolver cada día mejor nuestros problemas más urgentes, sino en el que se dé la justicia social, el trabajo y la prosperidad de todos los mexicanos.

Hay que palanquear todos para que ocurra el milagro de tal utopía que es a la vez un sueño poético y un anhelo patriótico que nos haga a todos ponernos tocar bien en esa orquesta común de la política; eso sí, cada vez mejor dirigidos y con la inspiración de todas las musas que mencionaban los griegos: cada una de ellas, dice la Wikipedia, estaba relacionada con todas las ramas artísticas y del conocimiento. Yo agregaría a la lista el obligado campo de la política buena con la que soñamos todos alrededor de las fiestas patrias que acabamos de celebrar. Me refiero, pues a La Suave Patria de Ramón López Velarde que está a dos años de cumplir un siglo de haber sido escrita. Otros aludirán también a las canciones, los sabores y los olores, pero todos ellos están incluidos en el prodigioso poema citado, incluyendo no sólo el relámpago verde de tus loros, sino también; y, sobre todo, las virtudes de tu mujerío. El poeta da la clave para la felicidad de nuestra patria al pedirle: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario, y al insistir en que tu mutilado territorio se viste de percal y de abalorio insiste también en que tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería…

Estamos pues en otras vísperas de cambio de gobiernos. Ojalá y que la nueva alternancia, aunque seguramente va a tener limitaciones y defectos, como todas las alternancias humanas, no empiece pronto a decepcionar tanto como lo hicieron algunas otras alternancias lejanas o recientes. Que las leyes no se dicten para favorecer los intereses de los nuevos políticos que arriban a las diferentes sillas; que el ciudadano hable y que el gobierno escuche, que los puestos de los nuevos gobiernos no sean premio a lealtades electorales que ponga en manos de improvisados y de audaces arribistas exitosos en los negocios de Viuda a ineptos a ineficaces, a cínicos e hipócritas, a demagogos y serviles, a acarreados y recomendados. Que se aprovechen los conocimientos y las experiencias positivas de quien las tiene y las quiere aportar: esté donde esté o piense como piense.

Deseamos gobiernos que se pongan en diálogo franco con la sociedad civil, para construir junto con los ciudadanos que conocen y saben como resolver las cosas, con los organismos de la sociedad civil a cuyo frente están verdaderos expertos en practicar eficazmente el altruismo que conduce a resolver a fondo los problemas y las carencias del México que queremos más feliz.

Son los organismos de la sociedad civil los que suelen, no sólo servir el pescado, incluso frito, para todos aquellos más miserables a los que nunca les ha hecho justicia la revolución. Son las instituciones que, por su experiencia y labor de servicio desinteresado merecen el respaldo de todos. Y que nunca más se permita que los políticos se aprovechen del prestigio de estas agrupaciones para fundar ellos agrupaciones ficticias. Que nunca más se vuelvan a crear instrumentos para robar o para hacerse de hospitales y negocios que beneficiarán a esos políticos corruptos una vez que salgan del poder.

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