APRENDIZAJE DEL TEATRO DESDE LA INFANCIA, EDUCA

Por: Eva Solís

Convencido de que el aprendizaje del teatro proporciona muchos beneficios a los niños y a los adolescentes “porque se les da un gran regalo para su futuro”, el maestro Domingo Natterie Echevarría, quien tiene más de 40 años de experiencia, considera que se debería de incluir como materia en la primaria.

Oriundo de Veracruz, Natterie Echevarría, quien también ha sido actor, productor, director, adaptador y promotor, afirma que “cuando los niños aprenden teatro no se trata de hacerlos actores, sino que los hacemos mejores individuos, mejores hijos y mejores personas”.

“Una cosa es que un niño vea teatro y otra que aprenda teatro, porque cuando lo aprende se le da un gran regalo para su futuro”, explica el maestro y amplía:

“Entre los beneficios que da el aprendizaje del teatro desde temprana edad se encuentran que se les enseña disciplina; a desarrollar su memoria y a usar su voz, así como a utilizar su lenguaje; a enfocarse en el trabajo, y a adquirir seguridad en sí mismos”.

“Otro de los beneficios: el niño aprende a autocontrolarse porque a veces quieren voltear de un lado a otro y estarse moviendo”, añade el maestro.

Además, aprenden a leer con claridad, a escuchar, a no tener miedo de hablar en público, a mejorar su postura y su expresión corporal.

“Con el teatro, los niños mejoran su actitud personal, estudiantil y social”, agrega Domingo Natterie, quien ha sido un incansable promotor del teatro infantil.

Una de las recomendaciones que daba el maestro Natterie cuando impartía clases era que “estaba prohibido pensar en no puedo, porque todo lo podemos dentro del teatro”.

Impulsar el teatro en los jóvenes

Apasionado y conocedor del teatro, Natterie Echevarría considera que el teatro juvenil es importante porque les da un sentido a los jóvenes acerca de sus vocaciones y “ahí sí se forman actores”.

“En esa etapa de su vida”, añade, “los jóvenes se encuentran sin saber qué hacer con su vida, traen sus hormonas y todo está disperso; entonces hay que juntar todo eso y darles una personalidad propia”.

Afirma que cuando daba clases les advertía a los jóvenes que las reuniones no eran “para pescar novio o novia”.

Recuerda que antes las preparatorias eran manejadas por la Universidad y al cambiar el sistema, tanto en el Cobach como en otras instituciones similares se introdujo la materia de teatro, lo que representa una importante enseñanza para los jóvenes.

Con amplia experiencia en la docencia, el maestro Natterie empezó a impartir clases de teatro en el Instituto Metropolitano y ha sido profesor en la Escuela Superior de Trabajo Social, Normal de Educadoras, Colegio Tijuana, Escuela de Turismo de la UABC, Escuela de Negocios Internacionales del Cetys Tijuana, en el Seminario Mayor de la Diócesis de Tijuana y en el Consejo Tutelar para Menores, entre otras instituciones educativas.

El teatro infantil, cimiento de la actuación

El actor de cine y teatro, Eduardo López Rojas, afirmaba que si un actor no había hecho teatro infantil no tenía las bases de un edificio porque tiene que bailar, cantar, jugar y atrapar la atención de los niños, asegura el maestro Natterie.

“Lo más difícil es hacer teatro infantil porque éste es el cimiento de la actuación”, coincide con López Rojas, “porque el actor tiene que saber proyectar con su voz, cara y cuerpo para que la presentación sea perfecta y el niño reciba el mensaje de la obra”.

A pesar de que el maestro Domingo Natterie quería estudiar baile, a causa de un accidente ya no pudo continuar con su vocación y gracias a un amigo que le comentó que el teatro era más completo, se dedicó a la actuación.

Estudió en la Universidad Provo de Salt Lake City, Utah, y fue alumno de Salvador Novo. Dos veces el actor Carlos Ancira lo invitó a trabajar con él, después de ver casualmente una de sus clases, y el maestro Natterie tuvo que declinar por sus creencias religiosas, ya que en esa época no le permitían participar en presentaciones.

Cuando llegó a Tijuana, recuerda que había buenos actores pero que no tenían técnica y solo había teatro independiente. Durante un tiempo vivió en Los Angeles para apoyar a un grupo de teatro chicano y después regresó a esta frontera.

Decidió tomar clases de teatro en la Casa de la Cultura de Tijuana, que apenas la acababan de abrir, y en 1987 formó el Grupo Tijuana de Teatro para presentar obras infantiles, convertirse en una fuente de trabajo para sus compañeros y llevar el teatro a las escuelas.

“En ese entonces Elsa Arnaiz era la directora de la Casa de la Cultura y siempre me dio su apoyo para realizar mi labor”, comenta el maestro Natterie, quien con su grupo presentó la obra “Bija, la Lagartija” de Luis de Basabe.

Recuerda que cuando decidió presentar obras infantiles tuvo claras dos cosas: “No iba a ser Chespirito porque los niños iban a ser niños y los adultos, adultos; y tampoco me interesaba presentar obras de Walt Disney porque no quise ser la copia de la copia y mal hecha”.

Añade que siempre le interesó presentar obras con calidad, “porque si el niño no entiende lo que dijo el actor, pierde la atención a la obra debido a que son muy inquietos”.

“Tal vez uno no conozca mucho de teatro, pero se ha formado a través de los años por lo que ha estudiado y ha visto en teatro”, agrega, “y por ello es importante presentar una obra que contenga mensaje”.

Considera que el teatro es diversión, pero esto no le quita para que un niño se sensibilice, que le abra una incógnita en su mente y que lo ponga a pensar, porque así se le despierta la sensibilidad hacia el arte si está bien hecho. “Yo les exigía a mis actores ser hipersensibles para conmover a los niños”.

Otra de las razones que lo impulsaron a crear su grupo de teatro fue que mientras en la Ciudad de México se les pagaba a los actores de teatro independiente, aquí en Tijuana el director se quedaba con el dinero. “Al formar mi grupo decidí darles una compensación a mis compañeros por sus presentaciones”.

Considera que sí hay público para teatro, pero no hay suficiente promoción y desafortunadamente no hay cultura teatral en las autoridades y por ello tampoco destinan presupuesto a esta área.

Asegura enfáticamente el Maestro y promotor Domingo Natterie:

“Cuando los niños aprenden teatro no se trata de hacerlos actores, sino que los hacemos mejores individuos, mejores hijos y mejores personas. Una cosa es que el niño vea teatro y otra que aprenda teatro, porque cuando lo aprende se le da un gran regalo para su futuro”.

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