¿QUÉ REPRESENTA PARA TI LA FAMILIA?

En Cuba, un buen jesuita escribe desde la catedral, precisamente en el Domingo que los católicos dedicamos a evocar a Jesús, María y José así como la Revelación y las profecías que nos vienen legadas desde el Antiguo Testamento.  La voz de Dios no tiene pierde…

Escribe el padre Alberto García, S.J. Se refiere, en primer lugar, a la familia como una de las necesidades más hermosas, complejas, ambiguas, divertidas y luego nos pide, a cada uno de sus lectores, que agreguemos más adjetivos.  Los que nazcan de nuestro corazón y relancen nuestro conocimiento y puesta en práctica de la revelación divina… Agreguen ustedes pues sus adjetivos.

El sacerdote que escribe, lo que quiere, es acercarnos a la familia desde su experiencia personal y nos pide que aportemos la nuestra propia. Nos dice que para él su familia es “…la fuente de sus mayores alegrías y sus mayores sufrimientos…”

Luego agrega que es un regalo: nadie escogió la familia en que nació; pertenecemos a ella, sin haberla elegido. “Somos fruto del amor de nuestros padres que fueron la encarnación provisional del amor de Dios. Con sus grandes virtudes y defectos, con sus luces y sus sombras”. Fue en ella que llegamos a la vida.

La familia nos ha entregado “un caudal de aprendizajes” Buenos, malos, constructivos, destructivos. Sanos y no tan sanos. “Fue y continúa siendo escuela y taller de humanidad”. Pero eso no significa que podamos responsabilizarla por todo lo bueno y lo malo que haya en cada uno de nosotros.

Escuela primera, pero hubo también la segunda.  El jesuita refiere con su segunda escuela a los Hermanos Lasallistas. ¡Qué casualidad, también quien esto escribe se formó en esos colegios por los que han pasado grandes santos y que hicieron lo mejor que pudieron por tantos que fuimos sus discípulos!

El Papa Francisco ha hablado de la custodia que del niño Jesús hicieron María y José. Que custodiar es algo tan importante como puede serlo, en una analogía iluminada, no sólo la custodia en que se guarda el Santísimo Sacramento, sino todo lo que significó para El Salvador de la Humanidad.

Por eso escribe también que la familia es una tarea.  Como lo es la Creación y la Redención.  La creación no se nos entregó ya terminadita, sino que quiso Dios que nosotros pusiéramos en ella nuestra creatividad amorosa, nuestra inteligencia, nuestro trabajo.  De la redención baste decir que el Divino Maestro que pasó haciendo el bien en este mundo, fue y sigue siendo nuestro custodio pagando por nosotros el precio mismo de su vida… Y no nos dejará hasta el final. Así, maravillosamente, reconcilia al género humano.  Y nos está esperando -Padre bueno hasta el final- sale todas las tardes a buscarnos. -Pastor que da su vida por sus ovejas- y Buen Samaritano, por excelencia que nos levanta y nos cura cada vez que aceptamos que así sea.

Aprendamos a ser hijos, padres, madres, hermanos: la genuina paternidad y la genuina maternidad que vienen sólo de Dios mismo.

Y todo aprendizaje consiste en destrezas que hay que adquirir con el ejercicio y la paciente práctica que tiene como su clave principal la comunicación. Tenemos que aprender el lenguaje común que nos permita entendernos unos con otros.  Hemos de manejar constructivamente nuestros conflictos.  Hemos de aprender a dar y recibir y a perdonar y a reconciliarnos…

La familia es también y por lo tanto una cruz salvadora. Incluye cruz y sufrimiento y no es que se glorifique el sufrimiento.  Pero cuando a pesar de las mejores intenciones arriba esté sufrimiento hemos de acogerlo como lo hizo la Sagrada Familia.

Por eso se dice de María que guardaba todas estas cosas en su corazón.  Por cierto, siempre unido al Corazón de Jesús y de José que lo custodió a ambos… (Lic. Vidriera)

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