ANTES DEL ALBA Y AL ATARDECER

Este título es el nombre de un pequeño libro de apenas 73 páginas.

Su autora Emma Godoy fue una literata y activista que durante los últimos 20 años de su vida se convirtió en una férrea defensora de las personas de la Tercera Edad de hecho el subtítulo es: Ancianidad, Cima, no Decadencia – Aborto y Euthanasia. Decidimos publicar una brevedad de este libro “Antes del Alba y al Atardecer”.

Presentamos un breve segmento del Preámbulo relacionado con la ancianidad. A propósito de varios comentarios sobre esta Pandemia y en la que al principio se aseguraba que los ancianos no tendrían lugar en los hospitales, porque se les daría el lugar a los jóvenes o a quienes tuvieran factibilidad de “sobrevivir”.

Por fortuna pronto hicieron aclaraciones, pero en principio si sorprendió bastante. A continuación “la brevedad” anunciada.

El fantasma de la vejez sobrecoge a muchos. Se piensa en que se acabarán los placeres de la juventud. En que la pesadez de los miembros hinchados por la artrítis, apenas dejará movernos con lentitud. En que quienes hoy nos dan un cariño apasionado, mañana se alejarán con frialdad de nosotros. En que ya no tendremos ni esperanzas, ni proyectos, solo una vida árida y oscura, preludio de la muerte.

Si esto es así, ¿por qué gritamos: “¡Viva!” al héroe, con lo que queremos significar nuestro deseo por su longevidad? ¿O por qué en las plegarias de todas las religiones se pide una larga vida? ¿Por qué nos desean “muchos días de estos” en nuestro cumpleaños?

Quizá no sea tan espantable la vejez como la pintan. O, al menos, no lo sea para los que reconocen que la ancianidad es la edad de la sabiduría.

Quienes han prendido su voluntad a los placeres corporales, sin duda esperarán con pánico la senectud, que sin piedad va a arruinarles entera esa fortuna. Pero hay también muchos que viven con miras más altas y piensan, por lo contrario, que la vejez será su meta. El artista, inmaduro en su juventud, va a encontrarse por fin a sí mismo con los años. El sabio necesita tiempo y más tiempo para sus investigaciones. El hombre que se ha propuesto dejar un poco mejor el mundo que como lo encontró y proyecta establecimientos de beneficencia, solo en la ancianidad verá el fruto de sus esfuerzos.

“Para entonces habré hecho esto”, “para entonces habré conseguido lo otro”. Depende de la grandez de alma.

Para quienes existen por y para el espíritu, más bien, las pasiones juveniles fueron una traba y se

glorían de haberlas dejado atrás. En uno de sus Diálogos, Platón hace un exaltado elogio de la vejez y lo mismo pensaba Cicerón cuando escribió De Senectute.

En la medida de que hay espíritu la ancianidad deja de ser una amenaza para convertirse en una ardiente promesa. No estaría mal hacer una prueba para medir la espiritualidad de las personas, fundándose en esta cuestión: ¿Qué piensa usted de la ancianidad?

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