SONRIENDO JUNTOS A. C. UN LUGAR ESPECIAL, APOYA A MADRES ADOLESCENTES

Les ofrecen casa, alimentación, educación y otros apoyos para que tengan otra forma de vida

Víctima de abuso sexual, Regina de apenas 15 años de edad quedó embarazada. Pese a que ella le dijo a su familia lo que había ocurrido, no le quisieron creer y la corrieron de su casa.Sin preparación, ni apoyo familiar ni psicológico, Regina empezó a recorrer las calles para tratar de sobrevivir. Trabajó en lo que pudo y después tuvo a su bebé, pero debido a que no tenía las condiciones para mantenerlo, el DIF intervino y lo resguardó mientras ella cumplía con los requisitos para que se lo regresaran, entre ellos terapia psicológica y visitas de trabajo social.Regina intentó conseguir trabajo, tener un lugar donde vivir y mejores condiciones de vida, pero no lo logró. El círculo vicioso empezó para ella: vivir en la calle, prostituirse para sobrevivir y drogarse para olvidar el abuso del que había sido víctima y el dolor de separarse de su hijo.Cuando tenía mejores condiciones de vida, Regina acudió al DIF para intentar recuperar a su hijo. Era tarde, su hijo estaba en proceso de adopción y ya no podría recuperarlo. Su mundo se derrumbó, se sumió en una profunda depresión y para olvidar decidió seguir drogándose.El nombre de Regina es ficticio, la historia es real. Ella es uno de los tantos casos que se registran en esta frontera y en México y que no reciben atención ni apoyo.Esta historia y la de otras adolescentes, inspiraron a Erika Sampedro Ramírez y a su esposo Carlos Alberto Bernal Rendón a abrir la casa hogar Sonriendo Juntos A.C. para atender a jóvenes de 13 años hasta 24 años de edad, que se encuentren en situación vulnerable o sean adolescentes embarazadas o madres adolescentes.De profesión criminóloga, Erika y su esposo, quien es ingeniero en mecatrónica y actualmente estudia la licenciatura en Derecho, afirman que después de trabajar en varias casas hogar en los últimos años, abrieron esta asociación civil para atender a este grupo de adolescentes, porque hay un vacío muy grande.“Les hace falta que les hagan ver lo valiosas que son, han pasado por tanto y tienen una capacidad de resiliencia que pone de manifiesto que tienen un propósito en su vida y nosotros nos convertimos en sus mejores porristas para que ellas y sus hijos tengan otra forma de vida”, añade Sampedro Ramírez.

Ubicada en la colonia Obrera y con algunos meses de haber iniciado actividades, esta casa atiende a nueve jovencitas, dos de ellas tienen un hijo cada una, y les proporcionan casa, comida, educación, terapia psicológica y atención médica para que logren cambiar sus vidas.Tienen un proyecto de emprendimiento social para vender café de la sierra de Puebla o pulseras y jabones, así como fomentar la creación de un fondo, que les permita destinar una cantidad de lo que vendan en ahorrar para que al llegar a los 24 años de edad, tengan recursos suficientes para independizarse.La casa donde viven la rentan y ese dinero lo obtienen gracias a un grupo de 25 voluntarios, que cada uno dona 20 dólares, y algunos servicios los pagan con la venta de artículos o ropa usada que realizan en un puesto del swap meet.Si desean donar alimentos, ropa, muebles o artículos, pueden hacerlo, ya que algunas cosas se quedan en la casa para las adolescentes y el resto se vende para obtener recursos, que hagan posible cubrir los diversos gastos.“Queremos llegar a ser no una casa hogar más, sino un programa personal para dar apoyo a cada adolescente para cambiar sus vidas y trabajar con ellas para que las siguientes generaciones no tengan que vivir en una casa hogar, porque tendrán una red de apoyo”, añade Bernal Arrendo, quien considera que es importante fortalecer el tejido social en Tijuana para evitar estos casos.Pretenden llegar a tener capacidad para albergar a 20 jóvenes y que sientan la casa como una familia, en donde se les brindarán las oportunidades para aprender un oficio, estudiar la Universidad o crear un negocio para romper el círculo vicioso que se registra con las madres adolescentes. Porque como dice Erika: “El hambre provoca tantas cosas y más el hambre de amor”. (E. S.)Información complementaria en teléfonos 222-102-7228 y 222-227-2686 erika.sampedro@ sonriendojuntos.orgcarlosabernal@sonriendojuntos.org

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