CULTO A LOS MUERTOS

Por: Hilda Sánchez

Morir en el mundo prehispánico era trascender a la inmortalidad, de ahí el carácter festivo con que los mexicanos rodean a la muerte y a sus muertos. Desde siempre el enigma del nacimiento y la muerte ha ocupado el pensamiento del ser humano, interpretándolo de diversas

maneras según la cultura de que se trate.

El culto a los muertos es una de las más importantes tradiciones mexicanas, creencia de tipo mágico en su relación con las fuerzas de la naturaleza. El “Día de Muertos”, es una festividad mezcla de raíces prehispánicas e influencias coloniales, combinación de elementos culturales con un claro sabor pagano, puesto que se celebra fuera de los templos y consiste básicamente en dos ritos: las ofrendas que se ponen en altares de los hogares y la ceremonia que se realiza en cada tumba durante la noche del 2 de noviembre, con la intención de recordar y recibir a los seres amados fallecidos; que según la creencia popular es en esta fecha que regresan a reunirse con su familia. Acto solidario de un difunto, en su transe hacia el mas allá y las vicisitudes que debe superar.

La confección de los altares es una manifestación viva del arte popular, presente en todas las costumbres y tradiciones de los mexicanos con la fuerza de sus símbolos, de su identidad, para embellecer un objeto ritual volcando en él la creatividad, como modo de asegurar la eficacia de la ceremonia, de alcanzar con mayor facilidad el favor de los seres sobrenaturales.

La muerte es parte y complemento de la vida, esta concepción hizo común las calaveras, que no representan un signo de horror y de espanto, sino una motivación festiva donde el elemento lúdico tiene especial importancia. Calaveras de azúcar decoradas con papelitos de colores con los nombres de personas que conocemos y que por supuesto están vivas, calaveras de cartón pintadas y vestidas representando momentos de la vida cotidiana, calaveras con corridos que dan rienda suelta a la imaginación, los grabados de calavera que con humor, ironía, festejo y sátira representando a personajes públicos, problemas sociales, desastres naturales o sucesos importantes de la comunidad.

Una particularidad de las fronteras es su cotidiana confrontación con otra cultura, otra concepción de la vida, otra visión del mundo, otras costumbres y tradiciones. Estas cotidianas experiencias en común, tienen influencias reciprocas con fenómenos culturales diversos, una de ellas es la apropiación cultural, es decir que conscientemente adoptamos rasgos de la otra cultura y se les procesa adaptándolos a la propia. El halloween es una antigua tradición de los celtas, que celebraban con motivo del equinoccio de otoño, pueblo indogermánico que se extendió por las Galias de Europa Central y las Islas Británicas, profesaban el naturalismo primitivo donde el “muérdago” era el árbol sagrado por excelencia, ya que su perenne verdor era el

símbolo de la inmortalidad. Gran Bretaña fue su isla sagrada y esta tradición paso de ahí a Norteamérica, que con el tiempo se ha ido modificando sustancialmente.

El significado que para los fronterizos mexicanos tiene el halloween, es la de un carnaval donde los disfraces complementan la fiesta de pedir dulces por los niños; para los jóvenes y adultos pretexto para el convivio; para los comerciantes clara fecha de promoción, que sin importar su origen o significado solo se ve que cuanto más vistosa la celebración, mayor es la posibilidad de ventas, todo con la motivación de los muertos.

Es por demás interesante observar que una ciudad como Tijuana, es un abigarrado mosaico de tradiciones que conviven y perviven con armonía en memoria de los fallecidos, una muestra de su rostro pluricultural y multiétnico que la hace única!

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