LA MANIPULACIÓN DEL HOMBRE

Por Mons. Salvador Cisneros Gudiño

La revolución tecnológica y los procesos de globalización conforman el mundo actual como una gran cultura mediática. Hoy los medios de comunicación constituyen el ámbito social y cultural que nos permite mantenernos en comunicación con los distintos sucesos sociales, políticos y económicos tanto a
escala nacional como internacional. Es innegable el enorme influjo que ejercen los medios en nuestra sociedad. En muchos casos son muy beneficiosos; pero, por desgracia, también muchas veces llegan a ser sumamente perjudiciales cuando engañan y manipulan, intentando adueñarse de la inteligencia, de la conciencia y de la libertad de sus destinatarios. Hoy los medios de comunicación han invadido todos los espacios. Al lado de la sabiduría de nuestras grandes tradiciones culturales se ubica ahora, en competencia, la información del último minuto, la distracción y las relaciones puramente virtuales o de moda. La opinión pública, esencial en la vida de las sociedades, es el alma que debe de nutrir a los medios de comunicación. Pero hoy la gente que recibe tantos mensajes y tan gran cantidad de información es incapaz de distinguir lo bueno de lo malo, y ya no alcanza a asimilar y procesar la realidad que se convierte en espectáculo, en lucro y manipulación.

¿Qué significa manipular?
Manipular –en un sentido negativo– es tratar a una persona o grupo de personas como si fueran objetos, a fin de dominarlas fácilmente y ponerlas al propio servicio. Esa forma de trato implica un rebajamiento de nivel, un envilecimiento. Cuando los prisioneros en la segunda guerra eran amontonados en un vagón de tren, como costales, no se intentaba hacerles sufrir sino envilecerles para que se vieran unos a otros como seres abyectos y repelentes. Ello les impedía unirse entre sí y formar estructuras de relación que pudieran generar una capacidad de resistencia.
La manipulación humana no es una violación abierta y descarada de la libertad de un ser humano (no es la esclavitud o la trata de las personas); no es una forma de violencia física o moral sobre una persona, que la padece y que la aguanta porque no puede liberarse.
El concepto de manipulación lleva consigo una nota especial: suprimir la capacidad crítica por parte del manipulado, y utilizar esa falta de crítica por parte del manipulador. Trata de reducir las personas a objetos: no indica tanto crueldad, cuanto cinismo, abuso y reducción de la dignidad esencial del ser humano. Los estímulos de la manipulación son percibidos de forma inconsciente; por medio de una hábil estrategia de comunicación permanecen ocultos a la conciencia. Crean así una falsa conciencia, a partir de la cual creemos falsamente que hemos tomado una decisión racional y buena. Al aprovecharse de forma irresponsable de una disposición fundamental del hombre, la manipulación ha de ser considerada como más inhumana que todas las demás formas de violencia o de opresión.

¿Quién manipula?
El que quiere vencernos sin convencernos, es decir, el que intenta seducirnos para que aceptemos lo que nos ofrece sin darnos razones. El manipulador no habla a nuestra inteligencia, no respeta nuestra libertad; actúa astutamente sobre nuestros centros de decisión a fin de arrastrarnos a tomar las decisiones que favorecen sus propósitos. Un anuncio en televisión que presenta un coche de lujo junto a la figura de una joven bellísima no aduce una razón alguna para elegir ese coche en vez de otro.

Pero mezcla su figura con la de imágenes atractivas y se envuelven todas en el halo de una frase llena de adherencias sentimentales. Los responsables del anuncio no nos han engañado; nos han manipulado, que es una forma sutil de engaño. Han halagado tu apetito para orientar tu voluntad hacia la compra irreflexiva. Te han reducido a mero cliente. Ese reduccionismo es la esencia de la manipulación, arte de seducir que opera a través de automatismos, no de razones. La manipulación comercial suele ir aliada con la manipulación ideológica, que impone ideas y actitudes. Pues promueve una actitud consumista diciendo que el uso de un producto es signo de elevada posición social y de progreso. Cuando se quieren imponer actitudes e ideas referentes a cuestiones básicas de la vida la manipulación adquiere suma peligrosidad. Meta del manipulador
El manipulador intenta dominar a las personas en algún aspecto de la vida y dirigir su conducta. Convertirnos en clientes. O modelar el espíritu de personas y pueblos a fin de adquirir dominio sobre ellos de forma rápida, contundente, masiva y fácil. Para dominar al pueblo basta reducirlo de comunidad a masa. Al carecer de cohesión interna, la masa es fácilmente dominable y manipulable por los deseosos de poder. La primera preocupación de un líder autocrático es privar a la gente de su capacidad creadora. Este despojo se lleva a cabo mediante la tácticas de persuasión dolosa. El líder se convierte en demagogo. Los medios para someter a un pueblo son el lenguaje y la imagen “elocuente” que ha de ser considerada como una forma singular de lenguaje.
El lenguaje es el mayor don que posee el hombre, pero el más arriesgado, por ser ambivalente: tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propagador de la mentira. El lenguaje ofrece posibilidades para descubrir la verdad, y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar
la confusión.
Con sólo conocer tales recursos y manejarlos hábilmente, una persona astuta puede dominar a personas y pueblos enteros si éstos no están
sobre aviso. Para comprender el poder seductor del lenguaje manipulador deberíamos estudiar los términos, los esquemas, los planteamientos y los procedimientos.

La palabra talismán. El lenguaje crea palabras algunas se cargan de un prestigio tal que no hay quien se atreva a ponerlas en tela de juicio. Parecen condensar en sí todas las excelencias de la vida humana.
La palabra talismán por excelencia es «libertad». Da por supuesto que la «censura» se opone siempre a «libertad» y está desprestigiada Y palabras como «independencia», «autonomía», «democracia», «cambio», «cogestión», unidas a la palabra «libertad», quedan convertidas, por ello, en «términos talismán por adherencia». El manipulador saca partido del poder de los términos talismán.
Sabe que al introducirlos en un discurso, el pueblo queda intimidado, no ejerce su poder crítico, acepta ingenuamente lo que se le propone. Si queremos ser libres debemos perder el miedo a ese tipo de lenguaje, matizando el sentido de las palabras. La ley del demagogo es no matizar el lenguaje, utilizarlo de forma borrosa para cambiar el sentido de las palabras según sus intereses.

Los medios de comunicación M. MacLuhan dijo que “el medio es el mensaje”: eso significaría que algo es verdad simplemente porque se dice a través de los medios. La televisión, la radio tienen un prestigio social que se impone desde un lugar inaccesible. El público permanece fuera de los centros que irradian los mensajes. Los medios son unidireccionales. Es grande su poder para hacerse presente en los rincones
apartados y penetrar en los hogares y hablarnos al oído, de modo sugerente, sin levantar la voz. Los profesionales de la comunicación y de la información disponen de numerosos efectos que, aun no directamente pretendidos, pueden provocar una clara manipulación social. Podemos recordar, entre otros, la simplificación, el relieve y el ritmo.

Los medios de comunicación social tienden a simplificar los problemas tanto por limitaciones de espacio y tiempo cuanto porque la complejidad intelectual daría por resultado la exclusión de gran parte de su audiencia. Esta exclusión significaría una gran reducción de sus ingresos.

Los medios de comunicación sirven para destacar ciertos problemas o individuos, al darles mayor publicidad o relieve. Son los hechos sobresalientes o noticiosos que atraen la atención del público. El escándalo y lo que está fuera de lo común conforman nuestros noticieros. Lo cotidiano no es noticia. Incluso los comentarios desfavorables pueden servir para dar prestigio y notoriedad. Una actriz de vida dudosa puede sacar provecho de esta publicidad que se le otorga. Esta capacidad de los medios de comunicación les sirve igualmente para apartar la atención del público de otros asuntos. Los gobiernos, por ejemplo, prefieren que las malas noticias salgan a la luz pública cuando los medios de comunicación están dispersando la atención por otros campos.

Aquí se inscribe la estrategia de la distracción, elemento primordial del control social que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites, mediante la técnica del incesante bombardeo de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

La estrategia de la distracción impide al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la política, etc. Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, sin ningún tiempo para pensar.

Otro de los recursos que tienen los medios de comunicación para manipular a su audiencia es el ritmo de los cambios sociales y la forma de presentarlos al acortar, manejar y dosificar el tiempo para transmitirlos y difundirlos. El factor tiempo puede ser manejado como un medio de control por quienes buscan sembrar un estado de inquietud social y por quienes tratan de conseguir que el público aleje su atención de asuntos delicados.

Aquí se ubican las estrategias de graduar y de diferir la información. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas. O presentarla como «dolorosa y necesaria» para su aplicación futura. Es más fácil aceptar una pena futura que inmediata. Esto da tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarlo con resignación cuando llegue el momento. A estos mecanismos de manipulación podemos añadir los siguientes:

  1. Los medios utilizan los aspectos emocionales mucho más que la reflexión. Esta es una técnica clásica para bloquear el análisis racional y el sentido crítico de los individuos. Además la utilización de registros emocionales permite abrir la puerta al inconsciente para implantar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.
  1. Los medios con frecuencia tratan al público como si fueran niños. La mayoría de la publicidad utiliza discursos, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizarte.
  1. Los medios con frecuencia refuerzan la crítica negativa, el escándalo, la confrontación y la culpabilidad de la sociedad y de los oyentes. Hacernos creer que somos únicos culpables de la propia desgracia, por nuestra falta de inteligencia, de capacidad o de esfuerzo. Así, en lugar de suscitar una conciencia clara y un compromiso frente a la problemática económica, política o social, los individuos se autodevalúan y se inculpan, lo que les genera un estado depresivo, y la inhibición de su acción.
  1. Los medios nos confunden y nos mantienen en la ignorancia y la mediocridad. Los avances de las ciencias, en los últimos años han conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un mayor control y poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Por este poderoso poder de influjo social y manipulación del hombre, los medios de comunicación social han dejado de ser hace tiempo un servicio transparente y honesto de información. Pueden decirse incluso que tras ellos ya no están simplemente empresas comerciales. Hace mucho tiempo que los hombres y las mujeres influyentes de nuestra sociedad se percataron de la carga de poder que encerraban en sí mismos y libraron duras batallas por el control de los mismos.

Los ideólogos, empresarios y políticos crean medios de comunicación para conseguir adeptos en la sociedad. Controlar a los medios es la mejor forma de ejercer y conservar el poder, lo que llega a su máxima evidencia en los regímenes totalitarios.

La estructura, la organización y los monopolios en el campo no de los principales ámbitos de manipulación global. El resultado de esta manipulación social a través de los medios de comunicación social es bien sabido: la participación social y en la marcha de la historia se reparte muy desigualmente: mientras unos se reservan las decisiones y el control, otros quedan reducidos a la única posibilidad de someterse masiva, pasiva e inconscientemente a las consignas dadas desde el poder de la comunicación social.

¿Hay de algún «antídoto» contra este peligro? Actualmente, es difícil reducir el alcance de los medios de comunicación o someterlos a un control. Urge una preparación adecuada por parte de cada ciudadano. Hay tres puntos básicos:
1) Estar alerta, conocer los trucos de la manipulación.
2) Pensar con rigor, saber utilizar el lenguaje con precisión, plantear bien las cuestiones, desarrollarlas con lógica, no dar saltos en el vacío.
3) Vivir creativamente. La fidelidad tiene un carácter creativo. Para superar la manipulación es necesario: Esforzarnos por crear de un nuevo tipo de hombre: un hombre solidario que se realiza en la praxis, un hombre «alertado». El descubrimiento crítico de las situaciones manipuladas y manipuladoras. Mediante la actitud del «discernimiento», que comienza por la «sospecha» crítica, continúa por las alternativas, y termina en la aceptación o el rechazo de una determinada opción. Vivir en concienciación permanente. La manipulación es incompatible con la dignidad del hombre. Nuestra personalidad la destruyen los procesos de fascinación o vértigo; la construyen los procesos de creatividad o éxtasis. Ningún niño y ningún joven deberían salir de las aulas sin un conocimiento pormenorizado de lo que es la manipulación y que se exponen si no conocen sus trucos. Conferencia presentada por Mons. Salvador Cisneros.

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