GILBERTO SANDOVAL SALVÓ A SU HIJO

En 1979, como consecuencia de torrenciales lluvias, Tijuana vivió un estado de emergencia. Gilberto Sandoval López en aquel entonces no cumplía los 20 años de edad, pero se sintió tan impresionado de los daños, destrozos y vidas en peligro que no dudó en acercarse a ofrecer sus servicios.

Ese grupo de personas solidarias con el tiempo se llamaría Rescate Tijuana y es una de las 12 organizaciones ciudadanas de protección civil (ver Red Social #4).  Hoy Gilberto Sandoval es el Coordinador de la Academia en donde se ofrece 9 meses de enseñanza y entrenamiento para capacitar a los voluntarios en técnicas de rescate y emergencias médicas. “El programa se ha ido fortaleciendo, de acuerdo a las necesidades. Iniciamos con rescate en zonas inundadas, hoy tenemos la capacidad para atender toda emergencia en tierra y mar”, dice con orgullo.

Gilberto decidió especializarse dentro de la Protección Civil, en el área de medicina, porque le mortificaba ver a sus padres con problemas de diabetes.  Estudió el curso de Paramédico, alguna vez pudo atender a su padre que sufrió un ataque cardiaco.  Trabaja desde hace años en la Comisión Federal de Electricidad en el área de seguridad industrial.  Hoy, ya casado, tiene 3 niños y una niña.  El más pequeño está por cumplir los tres años de edad. Y es justamente al que gracias a sus conocimientos le detectó una falla cardíaca en los primeros días de nacido.

“Mi hijo nació en el IMSS y ningún médico le detectó nada.  A los dos meses, me di cuenta, cuando lo contemplaba mientras él dormía, que presentaba dificultades para respirar.  Lo llevé de emergencia al Seguro, no lo querían recibir, pero me vieron tan enojado que accedieron a revisarlo.  Después de muchos estudios, nos dijeron que el niño había nacido con un solo ventrículo. Eso le impedía respirar adecuadamente, por lo que ponía en peligro su vida”. Ya en manos de los especialistas,  el pequeño fue atendido de su problema y a los 5 meses de edad fue sometido a la primera operación y casi inmediatamente después, a la segunda en la que le pudieron reconstruir el ventrículo.

Durante tres meses, Gilberto y su esposa prácticamente vivieron en la sala de cuidados intensivos del Centro Médico de Occidente (IMSS Guadalajara).  Pero valió la pena porque los médicos, aseguran que la calidad de vida por sus primeros 46 años será excelente y como dice el papá “para entonces seguramente que habrá nuevos descubrimientos para garantizar al

no pequeño, un centenar de años”.

Una noche en que a Gilberto le tocó velar a su hijo en la sala de cuidados intensivos del Centro Médico de Occidente, cuatro niños cayeron en paro cardiaco. Las enfermeras de guardia entraron en estado de emergencia, no se daban abasto para atender a todos y Gilberto, gracias a sus conocimientos pudo salvar la vida de un pequeño de cuatro meses.  Con los años se ha podido dar cuenta que la decisión de especializarse en medicina, en el amplio campo de Protección Civil, resultó providencial, porque tan solo auxilia a desconocidos, sino que está mejor capacitado para atender a su familia. Su hijo más pequeño, se lo estará recordando siempre. (lep)

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