JOSÉ ANTONIO ENCONTRÓ A SU FAMILIA

En el Orfelinato Emmanuel que fue su hogar por los últimos dos años, el niño José Antonio que no tiene 10 sino 8 años de edad (Red Social No.2) se reunió con su mamá Cristina Merino Muñoz y sus dos hermanas Silvia Yesenia (11) y Talía (6).

La historia contada por la mamá, despeja la incógnita sobre este chiquillo que el Lic. Eduardo Méndez, director de Emmanuel, recibió del DIF ESTATAL, hace dos años para que se encargara de su protección y cuidados.

En un día Cristina Moreno perdió a dos hijos, a Silvia que apenas practicaba sus primeros pasos de vida, la llorará siempre. A José Antonio, lo acaba de recuperar.  Frente a su humilde casa de la colonia 20 de noviembre (Tijuana), trabajaba como doméstica parte del día. Una mañana de 1992, mientras hacía el quehacer en la cocina, su hija Silvia, se salió al angosto callejón. Casi de inmediato escuchó tremendo revuelo de los vecinos y niños que gritaban.

Imprudentemente la niña se había atravesado a un vecino que en reversa conducía su “Calafia”. La pequeña murió al instante.  Fue tan grande el impacto de la mamá que durante horas se quedó sin poder hablar como sonámbula.  En ese tiempo su marido, ausente del hogar por casi un año, se presentó acusándola de negligente, descuidada y que por eso se llevaría a su hijo José Antonio.  Aprovechándose de la situación, nadie lo detuvo.

Una vez que Cristina recuperó la calma se dio a la tarea de buscar a su excompañero de profesión mecánico.  No dejó de insistir ante la policía y luego, al formarse una oficina especial para buscar a personas perdidas (CAPEA que depende de la Procuraduría del Estado) presentó su caso. Durante seis años vivió de esperanzas y frustraciones. Cuando por fin ella encontró al padre de su hijo, éste le aseguró que el pequeño estaba bien y que no necesitaba a la madre. Las autoridades del DIF Estatal y su Procuraduría de Defensa del Menor, no le hicieron ningún caso “una Lic. Félix, me acusó de mala madre, me decía perra, descuidada, no mereces tener a tu hijo. Creyeron todo lo que dijo el padre y ni siquiera me permitieron ver a mi hijo”. Mientras tanto el niño era golpeado por la nueva mujer del hombre. Y cuando éste fue a dar a la cárcel, por problemas de dinero, al pequeño José Antonio se le obligó a pedir limosna, vender chicles o periódicos.

En eso el niño fue rescatado de la calle, por vago, y depositado en el Orfelinato Emmanuel.  Después de dos años de estancia ahí y ante la insistencia del director Lic. Méndez por un lado y de Cristina la madre (sin saberlo uno y otra) las autoridades acertaron a cumplir con su deber: reunir al niño con quien demostró, entregando documentos y pruebas, su calvario de seis años en que fueron separados, no para hacer el bien, sino para perjudicar a una criatura, arrebatándolo de un hogar humilde y de su madre. Solo para más tarde, abandonarlo.

Y Cristina Merino Muñoz que especialmente en cada Navidad le pedía a Dios se compadeciera de ella y le permitiera encontrar a su pequeño José Antonio.  En esta de 1998, podrá disfrutarla a plenitud, en Durango, su nuevo hogar. (lep)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *