Experiencias Personales

HUMANISMO DE MEDICOS

La dolorosa situación que se está viviendo con motivo de la Pandemia ocasionada por el COVID 19 nos está permitiendo saber de hechos cuyos protagonistas son seres humanos con los que fácilmente nos identificamos. Iniciamos con un comentario escrito para compartir esta experiencia con un grupo reducido de amigas; la autora no ha permitido  su publicación.  Se lo solicitamos por considerar que va en la línea editorial de esta Gaceta: informar para fortalecer y educar.

CONOCIMIENTOS Y HUMANISMO

Escribió: Alicia Oropeza Voelker

Quiero compartir una vivencia familiar que nos acaba de ocurrir, y aunque es muy personal, creo que servirá para hacer una reflexión sobre lo que estamos viviendo.

Hace dos semanas, mi nieto Carlos, el hijo de Laura, que vive en Chula Vista con su esposa y dos pequeñas hijitas de uno y tres años de edad, se empezó a sentir muy mal de salud y a presentar síntomas de fiebre alta, dolor intenso de pecho y dificultad para respirar, además de dolor de articulaciones.  Al tercer día de estos síntomas que iban agravándose velozmente, la esposa le habló muy preocupada a mi hija Laura y le platicó que Carlos se negaba rotundamente a acudir al médico ya que decía que si iba, no volvería a ver a sus niñas. En esa etapa ya estaba tan mal, que no podía ni respirar ni caminar.

Laura aterrorizada se fue a recogerlo y a la fuerza lo llevó al Hospital Sharp, donde lo recibieron y a ella la retiraron de allí. Fue internado y tratado en aislamiento por posible COVID. Le pusieron oxígeno, lo canalizaron y lo llevaron a una larga serie de estudios, tales como resonancia, tomografía del tórax, rayos X, etc. y él, empeorando.

Por supuesto incluía la prueba del COVID, la cual, a las siguientes horas, resultó negativa.  Y él seguía empeorando.  Le estuvieron dando diferentes tratamientos, otra vez prueba de COVID. Y unos como ejercicios respiratorios muy dolorosos así como el oxímetro, y los resultados: una gran infección que no podían controlar y le abarcaba por completo los pulmones.  Entonces procedieron a hacerle otra  prueba más del COVID, una tercera. Otra más para ver si era tuberculosis.

 Resultado: todas negativas, a excepción de la gran infección. El seguía mal, intubado y lleno de antibióticos, buscando a cuál era sensible para atacar la infección.  Por fin, a los cuatro días, empezó a mejorar y siguieron con el tratamiento hasta lograr su recuperación y darlo de alta.  Fueron días de terrible angustia para la familia.  El diagnostico; Neumonía Atípica.

Esto, ahora en retrospectiva, me trae a reflexionar que como todos sabemos, en Estados Unidos poseen una de las tecnologías más avanzadas para diagnosticar y cuentan con aparatos muy sofisticados para descubrir padecimientos y fallas sistemáticas del cuerpo humano.  Aún así, a Carlos no le encontraban cual era su padecimiento y les costó días de muchísimos estudios para saberlo.

En México no contamos, como todos sabemos, con ese avance tecnológico pero en cambio, si tenemos médicos  sumamente humanizados y excelentes para percibir signos y datos que los llevan a conclusiones; y salvan vidas heroicamente sin contar con apoyos de tecnología avanzada, ni respaldo para reconocerlos y valorar sus capacidades y conocimientos.

Esto me lleva a la conclusión de que en EUA los médicos están muy acostumbrados a basarse solamente en las maquinas que les dan los resultados mecánicamente y por eso actúan, pensando como robots, y cuando la tecnología no les arroja un resultados definido se atoran, no usan el conocimiento ni la sensibilidad de su sabiduría médica, además de que en ese país, de cualquier pequeñez, los demandan.  Siempre están temerosos de tomar decisiones sin respaldo de resultados mecánicos.  Es otra forma de actuar, porque somos culturas diferentes.

Nuestros médicos  mexicanos hacen todo lo que pueden por salvar vidas con lo poco que tienen, y por ello desarrollan una gran capacidad de conocimientos, experiencia y habilidad para improvisar y curar a como de lugar.*

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