Los que no quieren tocar en la orquesta:

Muchos repiten y repiten las preguntas, ¿Por qué en México nos suelen funcionar tan deficientemente la democracia, la justicia, la equidad, el estado de derecho e incluso la economía y las obras públicas y privadas?

Casi siempre la respuesta hace referencia a las deficiencias de nuestra educación y a las de nuestra voluntad. Y no estamos diciendo que eso sólo ocurra en México, sucede en todo el mundo.

Establecer buenas condiciones de vida en todos los aspectos (moral, cultural, político, económico, jurídico y de justicia), es algo sumamente complejo. Digamos que se parece al reto que tiene una orquesta no sólo para que suene entonada sino para que toque bien: se requiere que todos los músicos toquen fiel e inspiradamente cada uno la partitura y que el conjunto se combine adecuadamente. Se requiere que cada músico y también el conjunto hayan aprendido a tocar bien individualmente y en conjunto y que queriendo hacerlo, estén bien dirigidos. La más bella música requiere siempre de director, pues no pueden todos dirigir la orquesta.

En México alrededor del setenta por ciento de los músicos no quieren tocar. No sólo no van a los ensayos, sino que sólo se presentan el día del concierto alrededor del treinta por ciento. Y sucede que abunda la ignorancia y la improvisación entre los músicos que los hace tocar mal.

Así como tantos se declaran cansados y hartos porque la música no suena como debería sonar y no le ponen ganas ni empeño las pocas veces que concurren a tocar, así sucede con las elecciones y con la política, así con el mediocre e injusto progreso económico y así con la justicia social y con la calidad de quienes tocamos en poca exitosa orquesta: ¡Hay tantos ciudadanos ya ni siquiera quieren tocar! ¡Ay, los empresarios!

Pasa con ellos lo que se cuenta en el chiste calumnioso y malvado que inventaron los que odian a los argentinos: se haría millonario el que los comprara en lo que realmente valen y los vendiera en el precio que su soberbia los hace creer que valen. (Perdón, argentinos, yo los amo y no me gusta para nada ese injusto chiste aplicado en contra de ustedes).

Hay que reconocer que hay empresas que son los primeros instrumentistas de la orquesta: El primer Violín, el primer Cello, etc. Sin ellos no hay trabajos suficientes ni progreso económico y la orquesta no toca, sin ellos, como debería tocar. Pero salieron mal del Conservatorio pues ahí no les enseñaron bien a tocar. Se les olvidó aprender que tienen, por un lado, una responsabilidad social con la justicia y con el bien común; y por otro, una vocación humana de servir al prójimo empezando por los más miserables y excluidos de la mesa. La mayoría carece de la vocación al ALTRUISMO que muchos la llaman caridad y que obliga a todos, empezando por los que más tienen, a cumplir con las personas más excluidas y necesitadas. Los empresarios saben que, si no procuramos, lograr, entre todos, buenos ingresos que nos permitan comprar mercancías o servicios, la economía será raquítica. Ellos saben que, sin buena capacitación para los trabajos, la productividad no puede elevarse. Ellos saben que sin justicia social ningún país se eleva a la categoría de desarrollado y miembro del primer mundo y que, si el ingreso per cápita no sube, tampoco tendremos una economía que crezca suficientemente como ambicionamos todos.

No queremos, por hoy, mostrar aquí las cifras de la realidad de la deficiente responsabilidad social de un buen número de altos empresarios, sobre todo. La comparación entre el altruismo sólo en California con el altruismo en México, da vergüenza. En México la contribución altruista a la labor del Tercer sector, Señores, da pena ajena. A modo de moraleja:

¿Cuándo nos decidiremos todos a tocar en la orquesta para que no se sigan echando a perder nuestros gobiernos, nuestra economía, nuestro estado de derecho y nuestros políticos?

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